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Sábado, 12 Mayo 2018 18:07

5. VALIOSAS MERCANCÍAS. V Nonas de Junio

Escrito por  Iber El Mercader Salluitano
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5 – VALIOSAS MERCANCÍAS.

Ya estaba bien avanzada la hora nona. En el puerto de Circei, el sol lucía después del chaparrón de un par de horas de la mañana que había interrumpido los trabajos de carga y descarga en el muelle retrasando la partida de algunas de las naves. Una suave brisa hacía ondear los emblemas de los barcos de mercancías, y entre ellos el de la reconocible ánfora emergente de las aguas de Entheca.

Entheca. Puesto de mercado

-No pierden el tiempo estos comerciantes hispanos, Mario. Hace apenas un mes que se dio por abierto el Theros (época navegable desde el inicio de la primavera, hasta el final de las Pléyades. Mediados de septiembre), y ya los tienes aquí, cargados y listos para zarpar de nuevo a su tierra.- Comentaba Licio a su acompañante. –Si, Licio… se ve que la sangre fenicia, aún fluye abundante por sus venas y al olor del negocio son tan rápidos como Mercurio-.
El Naukleros (Armador-mercader) Lucio Ilurtibas, supervisaba los últimos detalles del embarque junto con su Diopos  (sobrecargo), amigo y escolta Laurco, cuando Mario y Licio se presentaron ante ellos.

el mercader ibero

-¡Salve!, mercader hispano. Soy Mario Lauro Corvus.-
-¡Salve! Honorable miembro del ordo equester-. El mercader hizo una rápida inspección ocular y enseguida reparó en lo acertado del cognomen del individuo que le dirigía la palabra. Un ser de mirada torva y nariz aguileña, de una altura considerable y un aspecto algo desgarbado. Un cuervo, sí... Esa era una descripción acertada. Además, un miembro de alto rango de la orden de caballería de confianza de Octavio… – Mi nombre es Lucio Ilurtibas Auctor, de la ciudad de Salduie. En la Hispania Citerior. ¿A qué se debe tan distinguida visita, señores?-

-Conocemos bien ese emblema- dijo Mario señalando con la mirada el mástil donde ondeaba el lienzo con del ánfora pintada sobre él, -y sabemos de su procedencia. Por eso estamos aquí. No es por casualidad-. Mario miró de reojo a Licio que se encontraba un poco detrás de él y este avanzó un par de pasos sin mediar palabra, se retiró ligeramente la capa a un lado y mostró una abultada bolsa de cuero que sopesó con unos golpecitos de abajo arriba. El contenido tintineó, sin dejar lugar a dudas de lo que podía llegar a ser.

- Laurco, ocúpate personalmente de que acomoden esas 15 ánforas de Vino de Falerno, mientras hablo de negocios con estos señores. Es nuestra más preciada mercancía de este viaje y no podemos permitirnos derramar ni una sola gota de tan carísimo líquido.-

Lucio se dirigió a los dos hombres y tomándolos suavemente por los brazos, les hizo dar la vuelta sobre sus propios talones para dirigirlos desde el muelle hasta el Deigma  (Lugar del puerto donde se realizan las transacciones comerciales). –Este es un lugar mucho más discreto para hablar de encargos y denarios, señores. ¿Qué desean de este humilde mercader?-

-Sencillo, hispano. La bolsa que tiene Licio está llena de denarios. Probablemente contenga más dinero, del que puedas ganar en este viaje con todo lo que llevas en la bodega de tu barco. Y a la vuelta te espera otra como esta, más 50 áureos si cumples el cometido tal cual te será encomendado-.

-Y… ¿qué es exactamente lo que debo hacer?-

-Sabía que nos entenderíamos rápido- dijo Mario con una media sonrisa. –¡Toma! Coge la bolsa- Mario se la quitó a Licio y se la lanzó al mercader en un rápido movimiento. –Mira al principio del muelle y verás un carruaje con dos sirvientes custodiándolo y al lado una regia figura sujetando un caballo por el brocal. Bien, pues esa es tu misión-.

-¿Cuál?... ¿Custodiar el carro, o agarrar al caballo por el brocal?- Preguntó Lucio, con tono socarrón y risueño. Le bastó una silenciosa y seca mirada de Mario, para que le cambiase el semblante al instante. –¡Por todos los dioses!, qué sosos son estos romanos- Pensó contrariado para sí Lucio. -Está bien, Mario… ¿Qué debo hacer?- 

-Eso está mejor… Tu misión es custodiar al Pontifex Maximus hasta la Colonia IULIA VICTRIX CELSA, donde deberá realizar un encargo del senado de Roma. Mi hombre de confianza, Licio te acompañará en este viaje. Conoce bien todos los detalles. Te hemos elegido a ti, porque conocemos tu procedencia y destino y sabemos que tienes buenos contactos en la COLONIA del Hibervs Flvmen (Río Ebro). Además… la caravana de un mercader de Salduie (Posterior Caesaraugusta y actual Zaragoza) de vuelta a los mercados de su casa, es la forma más discreta y segura para el viaje de un personaje de tan alto rango. Terminado el cometido de Pontifex Maximus, deberás retornarlo a Circei a la mayor brevedad posible. Y sano y salvo de todo peligro. Tu propia vida irá en ello. Es muy probable que allí te puedas llevar alguna sorpresa y que lo que presencies no sea de tu agrado, pero recuerda… Si cumples fielmente con tu cometido, te espera una suculenta recompensa y el reconocimiento de Roma. Muchos nuevos mercados y oportunidades se te abrirán tras este viaje. El Forvm Vinarivm y el forvm cuppedinis de la urbe precisan de un nuevo supervisor general. Ese puesto, tal vez lleve tu nombre…-

Lucio pensó en su padre, y en su abuelo y en las anteriores generaciones de Ilurtibas de estirpe íbera, que tanto habían luchado por el negocio de Entheca con mayor o menor fortuna. Ahora el negocio iba bien, pero lo que se le proponía era un salto más que considerable. El espaldarazo definitivo al negocio que le daría tranquilidad a él y a las generaciones venideras.

 

Con semblante grave y mirando fijamente a los ojos de Mario, Lucio dijo solemnemente -Mi nave, tripulación, mi vida y la espada de mi fiel amigo Laurco, estarán a la disposición de la vida de Marco Emilio LÉPIDO y el encargo de Roma. Que Mercurio, nos proteja a todos. ¡TOTE ABE!

 

Siguiente capítulo: 6. EL VIAJE.

Capítulo anterior: 4. UNA INESPERADA VISITA

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