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Martes, 24 Abril 2018 23:21

2. EL EDICTO. V Nonas de Junio.

Escrito por  Iber El Mercader Salluitano
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“PRIMA LUX FULVA, VENTUS AUT PLUVIA”.*


Mario mascullaba entre dientes este refrán que le había enseñado un hispano hacía tiempo, mientras veía como asomaban las primeras luces del amanecer. Aunque tal como se lo habían narrado, sonaba con un acento grotesco a oídos de un romano de pura cepa como él. Y qué decir de la otra traducción que el hispano le enseñó en su lengua materna íbera; “ALBA RUBIA, VIENTO U LLUVIA”. --Hispanos patanes-... pensaba mientras cabalgaba a galope por la calzada en dirección a Circei.

Hacía tiempo que habían dejado ya atrás las diseminadas grandes villas de los extrarradios de Roma y todo lo que se divisaba ahora eran prados salpicados de bosques y alguna que otra casucha de campo. 

El corcel resoplaba con ojos desorbitados azuzado sin piedad por Mario y contraía y soltaba los poderosos músculos con una fuerza propia del mismo Pegaso. A su lado, Licio hacía lo propio, para no perder el paso, con un esbelto caballo tordo tan ágil y liviano como el Céfiro. Ambos équidos sudaban de manera alarmante pese al húmedo frescor de la mañana, debido a la brutal exigencia que les imponían sus jinetes.


Hacía casi dos horas que habían dejado a la comitiva embarcando en el Tíber. Licio le esperaba allí con los dos caballos que ahora montaban y un manto más acorde con su posición de caballero, que la larga, oscura y tosca capa con capucha que había portado durante toda la noche para transitar por las calles de Roma sin ser reconocido. Ya deberían llevar los "navegantes" como poco, más de una tercera parte del recorrido hasta la desembocadura al mar. En esta época del año el río tiene un buen caudal y la corriente es rápida. -Eso y los brazos de los expertos remeros contratados, harán el trayecto mucho más rápido-; pensó para sí Mario. -Para el medio día, ya deberían estar en el puerto de Ostia y a ser posible embarcados y listos para zarpar-.


El recorrido de Roma hasta Circei es de algo más de 100 km. Para cubrir ese recorrido en unas 6 horas a galope tendido, Licio había dispuesto en los días anteriores, la contratación de dos potentes caballos de refresco, en cada una de las dos postas situadas a lo largo del camino. ¡Ya casi tenían que estar llegando a la primera!
Si todo iba según lo previsto, su llegada a Circei, casi debería coincidir con el embarque de la comitiva en Ostia.


Pero ahora… mientras la casa de postas se divisa en el horizonte al final del ascenso de una suave y tendida colina… -¡¿Por qué demonios comienza a llover, Licio?! El refrán de aquel ignorante hispano, que te recitaba antes se ha cumplido. Aún resultará, que esos bárbaros no son tan tontos como aparentan-. Espetó Mario entre una media sonrisa burlona. Fastidiado por el imprevisto, pero a la vez algo admirado por la precisión del refranero del extranjero. -Un pequeño esfuerzo más y descansamos un poco-.

 

 


Mientras... en Roma… la ciudad amanecía de nuevo con el “Acta Diurna” en todos los lugares públicos y entre los edictos, informes y chismorreos, encabezando como destacada una inusual noticia decía así:


- El senado del pueblo de Roma, a instancias del concilio de los Pontifex y la Vestalis Máxima, informa que por motivo de la grave enfermedad que padece la joven vestal Emilia Kelsena, se suspenden momentáneamente todas las apariciones públicas de las vírgenes vestales y se clausuran en un encierro y semi ayuno dedicando cuerpo y alma, al rezo de la diosa Vesta por la sanación de la amada sacerdotisa. Así, las puertas del Atrium Vestae se cierran por dentro y custodian por fuera, hasta nueva orden de la Vestalis Máxima. Se ruega al pueblo de Roma, que contribuya con sus rezos y con ofrendas en sus lararios, para que la diosa Vesta conceda la gracia de la salvación de su sierva. 

 

Siguiente capítulo: 3. LOS RECUERDOS DE LÉPIDO

Capítulo anterior: 1. LA DECISIÓN DE ROMA

 

 

 

*Pd: Mi más sincero agradecimiento a Arístides Mínguez, por su inestimable ayuda en la traducción al latín del particular refranero Aragonés. GRATIAS TIBI AGO, MAGISTER!

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